Por Afshin Eighani - Paisajista Urbano / BAU Arquitectura y Paisaje
Cada vez que una urbanización o ciudad colapsa bajo el agua, la conversación se repite de forma casi mecánica:
Que si fue “mucha lluvia”.
Que si fue “algo excepcional”.
Que si “nadie lo pudo prever”.
Y no. No fue excepcional, no fue imprevisible y, sobre todo, se pudo evitar. Lo que estamos presenciando no es un desastre natural; es un síntoma de un urbanismo deficiente. Es el resultado de una planificación y una inversión que prioriza el metro cuadrado de concreto sobre la gestión del territorio y la ausencia total de una planeación y paisajismo urbano pensado con seriedad.
Lo que nadie quiere aceptar: El Diseño es el culpable
Una urbanización no falla el día que llueve. Falla el día que se diseña. El colapso comienza en papel cuando:
El terreno se sella casi por completo con concreto
Se eliminan los árboles existentes como si fueran obstáculos para el progreso.
Se llaman “áreas verdes” a parches de césped que solo cumplen una cuota estética, pero no tienen función ecosistémica.
Se cree que una tubería es capaz de sustituir lo que antes resolvía la naturaleza de forma orgánica.
Desde una vista aérea, muchas de estas urbanizaciones se parecen mas a una losa gigante que a un barrio. El problema es simple: una losa no absorbe agua; la expulsa con fuerza hacia donde puede.
¿Es este tipo de urbanismo el que merecemos?
El árbol: el elemento más subestimado del urbanismo
En el desarrollo inmobiliario actual, hay una verdad incómoda: un árbol urbano vale más que muchos metros de tubería. No lo señalamos por romanticismo, sino por física. Un árbol funciona como una infraestructura viva que:
Intercepta la lluvia antes de que toque el suelo, restando fuerza al impacto
Reduce la velocidad del agua superficial
Infiltra el agua profundamente en el suelo gracias a sus raíces.
Baja la temperatura y protege el suelo de la erosión.
Llamar “área verde” a una zona de grama sin arboles es como si llamáramos “hospital” a una sala sin médicos: el espacio está, pero la función no existe. Un desarrollo sin árboles es un desarrollo sin amortiguadores.
El gran error: resolver el déficit de vivienda en El Salvador creando un déficit de ciudad.
En El Salvador, el déficit habitacional es una realidad urgente, pero atender la necesidad de techo no justifica renunciar al urbanismo. Al contrario: cuando la gente tiene menos opciones, el diseño debería ser mejor, no peor.
Hoy estamos entregando llaves, pero creando vulnerabilidad:
Barrios y residenciales sin sombra y espacios públicos inútiles.
Calles que funcionan como canales de drenaje improvisados
Comunidades que viven con miedo desde el primer invierno.
Eso no es progreso ni solución a una problemática; es pan para hoy y problema para mañana.
Normativa vs. Funcionamiento
La planeación multidisciplinaria es crucial para el diseño de cualquier desarrollo inmobiliario.
Muchas de estas urbanizaciones cumplen con la ley. Ese es, precisamente, el problema estructural. Cumplen con porcentajes, retiros y anchos mínimos en el papel, pero no cumplen en funcionamiento real.
Porque cumplir un reglamento no garantiza que el agua se gestione correctamente o que la gente viva mejor. Y cuando el diseño falla, el costo no lo asume el plano que fue aprobado en una oficina; lo asume la familia que ve como el agua entra a su sala.
Aquí es donde entra el rol crítico del planificador y del paisajista urbano. Esos profesionales no deben ser “decoradores” que llegan al final del proyecto para poner plantas y flores. Deben ser parte estructural del diseño desde el día uno.
Un buen paisajismo urbano no es “plantar arbolitos”. Es entender cómo funciona el agua, los puntos de absorción y como el verde natural estructura y protege a la ciudad. Las ciudades que funcionan no son las que tienen más concreto, sino las que logran una relación equilibrada entre lo construido y lo natural.
Para dejar de repetir estas tragedias, debe ser innegociable:
Arboles cómo infraestructura básica, no como adorno.
Sistemas de infiltración reales y espacios verdes continuos.
Equipos multidisciplinarios diseñando ciudades resilientes y sostenibles.
Urbanizaciones pensadas para fallar de forma segura, sin dañar el patrimonio de las familias.
La lluvia seguirá cayendo y no podemos controlarla, pero lo que si podemos controlar es cómo decidimos construir y a quien escuchamos al planificar. Tal vez sea hora de dejar de preguntar “¿Por qué se inundó?” y empezar a cuestionar: ¿Quien diseñó este lugar y bajo qué principios lo hizo?