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BAU - Arquitectura y Paisaje
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Ola de calor: la ficción del Ministerio del Futuro toca la puerta

Por: Carlos Peña Esperanza / BAU Arquitectura y Paisaje

Hay novelas que dejan de leerse como ficción cuando uno levanta la vista del libro y se da cuenta de que el ventilador no está alcanzando.

Estuve leyendo El Ministerio del Futuro, la novela de Kim Stanley Robinson publicada en 2020, que abre con una escena que cuesta olvidar: una ola de calor extrema cae sobre una región de la India y, durante varios días, la combinación de temperatura y humedad supera el umbral en que el cuerpo humano ya no puede enfriarse por evaporación: lo que los climatólogos llaman temperatura de bulbo húmedo. La electricidad falla. Los aires acondicionados se apagan. La gente se mete a un lago buscando refugio y el agua misma está caliente. A causa de la hipertermia, mueren en cuestión de días alrededor de 20 millones de personas. Sí, es ficción, pero está construida sobre la física real, sobre estaciones metereológicas reales, y sobre proyecciones que la comunidad científica viene advirtiendo desde hace años.

El libro no es sobre ese evento. Es sobre lo que el mundo hace - y deja de hacer - después.

Mientras escribo esto, El Salvador atraviesa su propia versión, mucho mas contenida, de ese capítulo inicial. El Ministerio de Medio Ambiente y Recursos Naturales (MARN) confirmó que desde el 8 de Mayo de 2026 el país se encuentra bajo condición oficial de ola de calor en estaciones de monitoreo como Güija, Candelaria de la Frontera, Finca Los Andes, Acajutla, Los Naranjos y Perquín., alcanzando records históricos.

En San Miguel, el 8 de Mayo la sensación térmica llegó a 52°C.

No estamos hablando de veinte millones de muertes. Estamos hablando de records que se rompen cada pocos días, de noches que ya no enfrían, de polvo del Sahara que reduce la nubosidad y atrapa la radiación, de estaciones metereológicas en zonas históricamente templadas que ahora reportan máximos que antes pertenecían a la zona oriental. Estamos hablando de la curva que Robinson dibujó en ficción empezando a tomar forma - de manera todavía manejable - en nuestro propio territorio.

El primer reflejo: encender el aire

Cuando el calor aprieta, la reacción mas predecible es: encender el aire acondicionado. Es una solución real, pero nos puede meter en un ciclo que puede disparar el consumo eléctrico. Esto se suma al factor urbano que rara vez aparece en la conversación pública: el efecto isla de calor. Las ciudades - San Salvador especialmente - retienen mas calor durante el día y lo liberan lentamente durante la noche, gracias a la masa térmica acumulada en concreto, asfalto y techo metálicos, sumada a la pérdida progresiva de áreas verdes. Las noches dejan de ser un alivio. Y cuando las noches no enfrían, nadie descansa: nuestros cuerpos no descansan, los equipos no descansan, la red eléctrica no descansa.

Sobre este tema, existe una serie de recomendaciones prácticas en las que se podría ahondar, correctas y necesarias. Pero esas recomendaciones son solo la mitad de la historia.

La otra mitad: diseñar para no necesitar tanto

Una verdad incómoda del aire acondicionado en nuestra región es esta: gran parte de su uso compensa decisiones de diseño que se tomaron mal, o que se tomaron sin pensar en el clima donde el edificio iba a vivir. Cada techo de lámina sin aislamiento, cada ventana orientada al poniente sin alero, cada fachada de bloque de concreto sin masa térmica protegida, cada patio interior eliminado para meter dos habitaciones mas - todo eso se traduce, años despues, en una factura eléctrica que no para de subir y una casa que sigue siendo incómoda incluso con el equipo encendido.

La arquitectura tropical centroamericana tradicional - con la que nuestros abuelos resolvieron este mismo problema sin electricidad - manejaba estos principios de manera intuitiva.

Mucho de esto se perdió. No por mala fe, sino porque construir rápido y barato, en lotes cada vez mas pequeños, con materiales industriales y aire acondicionado disponible, hizo que estos principios parecieran innecesarios. Hoy estamos pagando esa cuenta - literalmente en la factura mensual, y en sentido más amplio, en la vulnerabilidad colectiva al calor.

Fuente: Propia

La buena noticia es que el diseño pasivo no es nostalgia. Es ingeniería, y la primera línea de defensa, mucho antes de discutir qué equipo instalar.

Estrategias arquitectónicas para el contexto salvadoreño

Mucho antes de elegir colores o acabados, el primer parámetro de diseño es cómo se coloca el edificio sobre el terreno. Minimizar las fachadas que reciben sol del este y especialmente del oeste - que es el sol bajo y agresivo en la tarde en nuestras latitudes - reduce la carga térmica antes de que entre. Cuando la orientación no se puede elegir, se compensa con aleros, cortasoles verticales, celosías y vegetación.

Fuente: Propia

Donde la arquitectura y la energía se encuentran

El argumento de aplicación de tecnología y el argumento arquitectónico de diseño pasivo no compiten, se complementan, y de hecho juntos funcionan mucho mejor.

Un edificio bien diseñado con sistemas pasivos necesita un sistema mecánico mas pequeño. Un sistema mecánico mas pequeño se puede cubrir con menos paneles solares. Menos paneles solares, sumados a almacenamiento, vuelven viable la autonomía energética. Autonomía energética significa que cuando la red falle - y bajo eventos de calor extremo prolongado, las redes fallan - el edificio siguien siendo habitable.

La secuencia correcta para un proyecto nuevo o para una renovación sería esta:

  1. Reducir la demanda primero, mediante diseño pasivo y envolvente suficiente.

  2. Hacer eficiente lo que quede, con equipos de alta eficiencia como Inverter, SEER alto, etc.

  3. Cubrir el resto con energía limpia, fotovoltaica con almacenamiento.

Empezar por el paso 3 sin haber hecho el 1 y el 2 es legítimo, pero no óptimo: se termina pagando una instalación mas grande de lo necesario, alimentando equipos que están compensando un edificio mal diseñado para su clima.

Volviendo al Ministerio de Futuro

Hay algo que el libro de Robinson hace bien que vale la pena comentar. La historia no termina en la catástrofe inicial. Continúa durante décadas, mostrando que la respuesta humana al calor extremo no es una sola política ni una sola tecnología, sino una acumulación de muchísimas decisiones tomadas en muchísimos lugares - desde bancos centrales hasta sindicatos, desde ingenieros climáticos hasta agricultores, desde diplomáticos hasta, sí, arquitectos y urbanistas.

Nuestra ola de calor de mayo de 2026 no es el evento del libro. Pero sí está en la misma curva. Y la respuesta que demos - en cada proyecto que diseñamos, en cada permiso que tramitamos, en cada cliente al que asesoramos sobre orientación, ventilación, aislamiento, vegetación - es parte de esa acumulación. Cada decisión cuenta. Las pequeñas, las cotidianas - cerrar la cortina, subir el termostato, plantar ese árbol que tanta falta hace - y las grandes, las que se toman al inicio de un proyecto y definen como se va a comportar el edificio durante los próximos cincuenta años. Especialmente esas últimas.

Adaptarnos no es un lujo. No es un argumento de venta. Es la única manera de que las ciudades en las que vivimos sigan siendo habitables en los próximos años. Porque el calor ya está aquí. Y la arquitectura, bien entendida, es una de las herramientas mas poderosas que tenemos para responder.

tags: ola de calor
Tuesday 06.02.26
Posted by Carlos Peña Esperanza